ESPECIAL YEMEN. 22 marzo 2011


strong>PRIMAVERA ÁRABE | El Ejér
cito abandona a Saleh
Asia | Mundo

País (nombre oficial) República de Yemen
Capital Sanaa
Superficie 203.850 millas2
527.970 km2
(doble la superficie de Wyoming)
Población 18.078.035 (est. julio 2001)
Población estimada
en el año 2050
71.119.251
Lenguas Árabe
Alfabetismo 38,0% total; 53,0% hombres; 26% mujeres (est. 1990)
Religiones Musulmanes-Sha’fi (Sunni) y Zaydi (Shi’a), minorías de Judíos, Cristianos, y Hindúes
Expectativa de vida Hombres: 58,45 años; mujeres: 62,05 años (est. 2001)
Gobierno República
Moneda Rial Yemenita (YER) = 100 fils
Producto nacional bruto (per cápita) $820 (est. 2000)
Industria Petróleo crudo y refinado; telas y tejidos de algodón; industria de alimentos; artesanías; limitada producción de artículos de aluminio; cemento
Agricultura Granos, frutas, verduras, legumbres, qat (nárcotico liviano), café, algodón; productos lácteos, ganado de varias clases (ovejas, cabras, ganado, camellos), avicultura; pescadería
Tierras de Labrantío 3%
Minerales y Recursos Petróleo, pesca, sal, mármol, modestas reservas de carbón, oro, plomo, níquel, y cobre; tierra fértil en el oeste

Yemen: el dictador no puede estar más solo

Oficiales del Ejército libio se unen a la revuelta, en Saná.| ApOficiales del Ejército libio se unen a la revuelta, en Saná.| Ap

Mónica G. Prieto | Beirut

Actualizado lunes 21/03/2011 13:57 horas
  • El castillo de naipes sobre el que se apoyaba el presidente yemení Ali Abdullah Saleh, que desde hace tres meses afronta una contestación popular sin precedentes para acabar con su dictadura, se desmorona inexorablemente.

Tras la violenta represión de la protesta del viernes, donde francotiradores de civil abrieron fuego contra los manifestantes matando a más de 50 y causando heridas a centenares de ellos, la oleada de deserciones se extiende y amenaza con precipitar el final de su régimen 32 años después de su acceso al poder.

Porque si este domingo fue su propia tribu, una de las más poderosas del país, la que le exigió que dimitiera e hiciese frente a las demandas del pueblo, hoy son algunos de sus más altos oficiales, incluido el respetado general del noroeste del país Ali Mohsen al Ahmar -y por ende hermanastro del presidente-, quienes han anunciado sumarse a las filas de la oposición.

‘Apoyo a la revolución’

En un discurso televisado, el general de División Ali Mohsen, ‘número dos’ de las Fuerzas Armadas, -a quien el profesor de la Universidad de Sana Murad al Azani, en declaraciones a Al Yazira describe como “el Tantawi de Yemen” en referencia al general egipcio que lidera la transición tras la caída de Hosni Mubarak– ha anunciado su “total apoyo a la revolución pacífica de los jóvenes y a sus demandas”.

Mohsen ha comunicado haber desplegado a sus unidades militares para proteger a los manifestantes. “Yemen está sufriendo hoy una crisis global y peligrosa que amenaza con extenderse como resultado de prácticas ilegales e inconstitucionales por parte de las autoridades, una política de marginalización y ausencia de justicia […] que pone en peligro la existencia del país y el futuro de nuestros hijos e hijas […] La falta de diálogo y la opresión de manifestantes pacíficos en la esfera pública está derivando en una crisis que aumenta cada día”, ha afirmado.

“Por eso, por las emociones que noto entre los oficiales y los líderes de las Fuerzas Armadas, que somos parte integral de nuestro pueblo y protectores del pueblo, declaro, en su beneficio, nuestro apoyo pacífico a la joven revolución y a sus demandas y [anuncio] que cumpliremos con nuestro deber”. ha añadido.

Los militares, a la calle

Al general Ali Mohsen se han sumado las dimisiones de otros dos altos cargos de su misma tribu, los Hashid, la misma a la que pertenece el propio líder yemení.

La aclaración de que son sus divisiones militares las que han tomado esta mañana de forma masiva las calles de la capital, Saná, levantando incluso las barricadas erigidas en torno a la plaza Tahrir para contener a los miles de manifestantes allí acampados desde hace semanas, tranquilizaban a buena parte de la población. No obstante, no ha explicado a quién responden las unidades desplegadas para defender lugares estratégicos del régimen como el palacio presidencial.

Su manifiesto se produce un día después de que la crisis se agravase un poco más gracias al cese del Gobierno por parte de Saleh, que ha declarado el estado de emergencia. Lo hizo a modo de maquillaje, en respuesta a las muertes y después de que varios ministros y altos cargos públicos dimitieran en protesta por la represión. Al menos 24 diputados de la formación de Saleh han presentado su dimisión en el Parlamento en estas semanas.

Dimisiones diplomáticas

Hoy, la cadena de dimisiones no sólo afecta a los militares -decenas de altos oficiales ya han pasado por la tribuna instalada en la Plaza Tahrir de Saná para solidarizarse con la protesta, como han hecho sus mandos, y 60 oficiales de la región sureste del país han hecho lo mismo, informa France Presse- sino sobre todo al entorno diplomático.

Los embajadores en Naciones Unidas, Siria y Kuwait han presentado su dimisión, como también lo ha hecho el vicepresidente del Parlamento, sumándose así a las filas disidentes en las que ya figuran personajes clave como Abdulla Alaiwa, ex ministro de Defensa y asesor de las Fuerzas Armadas, los principales líderes religiosos y tribales del país -que en un comunicado han instado a las fuerzas de Seguridad a desobedecer las órdenes de abrir fuego contra los manifestantes- e incluso Sheikh Sadiq al Ahmar, el líder de los Hashed, la principal tribu del país que incluye a los Ahmar, el clan del presidente.

Sadiq al Ahmar ha pedido al presidente que se marche inmediatamente en una petición rubricada por varios líderes religiosos. El dictador no puede estar más solo.

‘La partida ha terminado y debe dimitir’

Dimita o no Ali Abdullah Saleh, las dimisiones militares y el vasto movimiento de adhesión a los revolucionarios cambian radicalmente los escenarios que se barajan en Yemen. “Se está preparando la escena para una protección militar, y al mismo tiempo a la imposición de un Gobierno de transición en un escenario similar al vivido en Egipto”, consideraba en declaraciones a Al Yazira Jamila ali Raja, ex portavoz del Ministerio de Exteriores yemení.

“Tras el anuncio de Ali Mohsen Saleh, está claro que para el presidente Saleh la partida ha terminado y debe dimitir ahora”, valoraba al canal qatarí Hakim al Masmari, director del ‘Yemen Post’.

“Se ha acabado oficialmente, ahora que el 60% del Ejército apoya a los manifestantes. Eso significa el desmoronamiento del Ejército yemení, esta medianoche esperamos que el 90% del mismo se ponga del lado de Mohsen Saleh. Según nuestras fuentes, el presidente sabía que esto iba a ocurrir y espera que el general Saleh le permita salir sin humillaciones”.

Sólo las unidades a cargo del hijo del dictador, Ahmed Ali Saleh, podrían defender al régimen pero ante semejante deserción es poco probable que se enfrenten con el grueso del Ejército, lo que hace pensar que el tiempo del tirano yemení ha acabado.

De confirmarse, se abrirían otros muchos interrogantes en el país más pobre y más complejo de Oriente Próximo, donde movimientos separatistas, extremistas islámicos y grupos armados chiíes combatían hasta ahora con el poder.

Está por ver si la figura del general es aceptada por todas las partes que conforman la oposición en las calles, una amalgama de estudiantes, activistas, religiosos y gente de a pie que hasta ahora sólo exigía vivir en democracia.

PRIMAVERA ÁRABE | Deserciones masivas y protestas en las calles

19 oficiales del ejército de Yemen apoyan la revuelta mientras el presidente se enroca en el poder

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Un niño, en la masiva manifestación de Saná. | ReutersUn niño, en la masiva manifestación de Saná. | Reuters
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Tras el anuncio de 19 altos cargos del Ejército de abandonar sus puestos, entre ellos, el considerado ‘número dos’, Mohamed Ali Mohsen, el presidente Alí Abdalá Saleh ha afirmado que aún resiste y que la mayoría del pueblo lo apoya, pese a las crecientes renuncias de responsables de su régimen para unirse a los manifestantes antigubernamentales.

“Resistimos igual que las montañas Aiban y Naqim, así como la mayoría del pueblo yemení, que permanece en seguridad y con estabilidad y legitimidad constitucional”, dijo Saleh durante una reunión con dirigentes de la tribu Zarua en Saná.

Saleh aseguró que “los que llaman al caos, la violencia, el odio y los actos de sabotaje son una minoría del pueblo yemení“, y acusó a los manifestantes de intentar “conseguir estar en contra de la legitimidad constitucional”.

Por su parte, el Consejo Nacional de Defensa yemení, presidido por el propio Saleh, expresó su adhesión al presidente y adelantó que se enfrentará a cualquier intento de oposición a la legitimidad constitucional y al proceso democrático.

Según el comunicado, emitido por la televisión estatal “las Fuerzas Armadas van a cumplir con sus deberes y no van a ahorrar esfuerzos para garantizar la seguridad de los ciudadanos y del país”. El Consejo agregó que “mantiene consultas continuas para tratar los avances de la situación nacional”.

Abandono del ‘numero dos’ del Ejército

Este lunes, un alto mando militar, el general de división Mohamed Ali Mohsen, considerado el ‘número dos’ del Ejército, reveló en un vídeo difundido por el canal catarí Al Yazira su apoyo “a la revolución del pueblo y sus peticiones”. Junto a Mohsen, otros 18 altos cargos han dejado el Ejército y han manifestado estar del lado de las protestas de los yemeníes.

Se trata de la primera vez que un mando militar de la importancia de Mohsen anuncia su deserción, y se produce sólo un día después de que el presidente yemení destituyera al Gobierno tras la renuncia de varios ministros en protesta por la violenta represión de las revueltas populares contra el régimen, que estallaron hace varias semanas en el país, y que se han cobrado la vida de decenas de personas.

Tras el anuncio, decenas de oficiales de todos los rangos, así como soldados, se han unido a la manifestación frente a la Universidad de Saná, donde han anunciado sus deserciones desde la tribuna. También han anunciado este lunes su dimisión Ahmad Qaatabi, el gobernador de Adén, la segunda ciudad del país, y los embajadores de Yemen en Siria, Kuwait y Arabia Saudí, quienes anuncian su apoyo a los opositores.

Además, varios embajadores yemeníes en países europeos han enviado una carta al presidente Saleh para pedirle su dimisión, entre ellos los destinados en París, Bruselas, Ginebra, Berlín y Londres, así como el cónsul en Fráncfort y el embajador en Cuba.

En los últimos días, han dimitido los ministros de Turismo, de Asuntos Religiosos y de Derechos Humanos, así como otros diecisiete diputados y responsables gubernamentales.

El ministro francés de Exteriores, Alain Juppé, ha afirmado este lunes en Bruselas que la marcha del presidente yemení es “inevitable”. “Apoyamos las aspiraciones de este pueblo por la libertad y la democracia”, indicó Juppé en una rueda de prensa al término de un Consejo de Ministros europeos de Exteriores, en el que se analizó la crisis en Libia y en otros países árabes.

El jefe de la diplomacia francesa advirtió de que la situación en Yemen está empeorando y que los gobernantes en el poder deben tenerlo en cuenta. “Parece que la salida del presidente Saleh es inevitable”, comentó.

El número dos del Ejército yemení se pasa a la rebelión

Oficiales y soldados apoyan “la revolución del pueblo” contra el tirano Saleh

G. FOURMONT / AGENCIAS MADRID / SANÁ 21/03/2011 21:00 Actualizado: 21/03/2011 22:02

Un soldado es llevado a hombros en Saná por los manifestantes contra el régimen de Saleh. - EFE

Un soldado es llevado a hombros en Saná por los manifestantes contra el régimen de Saleh. – EFE

El presidente de Yemen, Alí Abdalá Saleh, está cada vez más solo.

Sin Gobierno desde el domingo y con el país en estado de emergencia, el dictador, en el poder desde 1978, perdió el respaldo de un personaje clave de un régimen cuya base es un difícil equilibrio entre el Ejército, los jefes tribales y los clérigos.

El general Alí Mohsen Al Ahmar, considerado el número dos de las Fuerzas Armadas, anunció  en la cadena de televisión Al Yazira su respaldo a “la revolución del pueblo”.

Al Ahmar, uno de los militares más fuertes y respetados del país, también pertenece a una de las más influyentes tribus y es nada menos que el hermanastro de Saleh.

Miles de personas estaban manifestándose en la plaza de Taguir (Cambio, en árabe) la plaza Tahrir (Liberación), como en El Cairo, existe, pero está ocupada por los partidarios de Saleh, en la Universidad de Saná, como todos los días desde el 27 de enero, cuando Al Ahmar hizo su declaración.

“Anuncio de parte de soldados y oficiales nuestro apoyo a la revolución pacífica del pueblo y a sus peticiones. Vamos a llevar a cabo nuestro papel de proteger la seguridad y la estabilidad en la capital y donde sea necesario junto a nuestros hermanos de las Fuerzas Armadas”, proclamó el general, quien no anunció su dimisión ni su deserción.

“Los que llaman al odio y a la violencia son una minoría”, asegura el dictador

Al Ahmar no estaba solo al alistarse en las filas de la rebelión. Otros dos generales, el gobernador de Adén, la segunda ciudad del país, y los embajadores yemeníes en Siria y Arabia Saudí también se sumaron a la voluntad popular de acabar con un presidente que no concede nada.

Sólo aceptó irse al final de su mandato, en 2013, y cuando la oposición le propuso un plan pacífico de salida, el déspota respondió con la fuerza. El viernes, el ataque de policías y francotiradores contra manifestantes acabó con la vida de 52 personas.

“Los jóvenes están hartos. Su vida cotidiana es muy difícil y ven un futuro sin perspectivas con un poder incapaz de responder a sus aspiraciones porque es considerado corrupto e incompetente”, analiza Michel Tuchscherer, director del Centro Francés de Estudios Sociales de Saná.

El paro es del 35% y la mitad de los 24 millones de yemeníes vive con menos de dos dólares al día.

Un poder corrupto

Yemen, la única República de la Península Arábiga, era después de su reunificación en 1990 una esperanza democrática en la región, con libertad de prensa y elecciones pluripartidistas. Sin embargo, como subraya el especialista de la sociedad yemení Frank Mermier, “gracias al respaldo de la comunidad internacional [básicamente de Estados Unidos], Saleh criminaliza todos los movimientos de oposición, denunciando su supuesta relación con Al Qaeda”. “Contribuye así a destabilizar su país”, concluye.

Desde el inicio de las protestas, Saleh siempre lanza la misma amenaza: “Es o la estabilidad [es decir, él] o el caos”. Y acusa a Al Qaeda y a los israelíes de estar detrás del movimiento que exige su salida. Saleh dijo: “Los que llaman a la violencia, al odio y a actos de sabotaje son una minoría del pueblo yemení”.

Los manifestantes gritan desde el 27 de enero: “¡Alá, deshazte de Saleh!”  

En el campus universitario de la capital, patrimonio mundial de la Unesco, los manifestantes que hasta hace dos días criticaban la actitud del Ejército celebraron el anuncio del general Al Ahmar coreando: “¡Saleh, lárgate!”, “¡Alá, por favor, deshazte de él!”. Varios de los oficiales que se unieron a la revuelta eran llevados a hombros por la muchedumbre y tomaron la palabra para denunciar la represión del régimen.

Un régimen que dejó claro que no abandonará. Tras ordenar al Ejército que rodease los principales edificios del Gobierno, el palacio presidencial, la sede el partido gobernante y varios bancos, Saleh se reunió con el Consejo Nacional de Defensa. ”

Las Fuerzas Armadas y la Policía no van a permitir de ninguna manera ningún intento de oposición a la democracia, a la legitimidad constitucional o perjudicar a la seguridad nacional”, declaró el ministro de Defensa para mostrar su respaldo al dictador. En otras palabras, el régimen no dudará en usar la fuerza contra la multitud.

Los analistas apuntan que uno de los mayores problemas de Yemen es la falta de unidad. El país árabe se enfrenta desde su reunificación a una insurrección armada en el norte y a un movimiento secesionista en el sur, aunque ambos ya han mostrado su respaldo a las revueltas para acabar con Saleh.

Yemen

Tensa espera en el escenario yemení. Animadas por el ejemplo de Túnez y Egipto, miles de personas se echaron a la calle la última semana de enero de 2011 para pedir cambios después de 32 años de Gobierno de Ali Abdalá Saleh. Su partido, el Congreso General Popular, había intentado impulsar reformas constitucionales que le permitiesen gobernar de por vida, o bien, trasladar el poder a su hijo, jefe del cuerpo de élite del Ejército. Para echar leña al fuego de la insurrección, a esta situación política se suman unas deplorables condiciones de vida: la mitad de los 23 millones de yemeníes viven con menos de dos dólares al día. El presidente se apresuró a prometer que no habrá reelección ni traspasos familiares y sí diálogo con sus opositores. Pero el pueblo desconfía de sus anuncios.

“Estamos firmes como montañas”, tronó el presidente de Yemen, Ali Abdullah Saleh. ¿Puede manifestarse así un jefe de Estado contra quien el propio hermano intentó hace pocas horas un golpe de Estado y a quien seis emisarios le anunciaron en un mismo día que ya no le debían fidelidad?

Todo parece indicar que Saleh, quien gobierna Yemen desde 1978, está dispuesto a todo para mantenerse en el poder.

La situación actual se asemeja a la situación en Libia hace tres semanas atrás. Después de que Saleh intentara poner fin a las crecientes protestas contra él y su régimen, una parte de los funcionarios políticos del más alto rango declararon su solidaridad con los manifestantes. Los encabeza el general Ali Mohsen al-Ahmar, un medio hermano del presidente Saleh.

Sin embargo, una parte del círculo dirigente le sigue siendo fiel a Saleh, entre ellos varios parientes al frente de puestos claves en el Ejército y la policía. Poco después de que Al-Ahmar y decenas oficiales anunciarán su rebeldía, el Ministerio de Defensa también publicó un comunicado. En él se manifiesta que el Ejército protegerá “la legitimidad constitucional, la seguridad, la estabilidad y la unidad del país”.

El rol de Arabia Saudí es decisivo, ya que gracias a los exuberantes envíos de fondos en los últimos años tiene tanta influencia sobre Saná como Estados Unidos, que envió asesores y aviones no tripulados al país del sur de la península arábiga para combatir células de Al Qaeda.

¿Quizás fue el cambio de postura del general Ali Mohsen al-Ahmar sólo un sobrio y exitoso golpe militar que gozó del benplácito de Riad? ¿O quizás, como algunos observadores árabes presumen, fue el emir de Katar, jeque Hamad bin Chalifa al-Thani, quien movía los hilos en el intento de golpe del lunes?

Que justamente su medio hermano Ali Mohsen al-Ahmar y su primo Mohammed Ali Al-Ahmar, ambos comandantes del Ejército, se rebelen contra Saleh, es una vergüenza en la lógica árabe del honor familiar, aunque no es algo realmente inusual. Al fin y al cabo fue el actual emir de Qatar quien derrocó a su propio padre. Y también en otros países del golfo el traspaso del poder entre diferentes miembros de una misma familia no se produce siempre en forma pacífica.

Pero, ¿quién es el general Ali Mohsen al-Ahmar que había leído un comunicado en la emisora catarí de Al Yazira y a continuación visitó a los manifestantes opositores a Saleh en Saná? Hasta ahora Al-Ahmar no ha sobresalido por su lucha en la defensa de la democracia o por combatir la corrupción.

Algunas voces críticas apuntan que la sola oposición a Saleh por parte del escrupuloso general que reclutó rebeldes islamistas para combatir a los rebeldes chiitas houthi, no lo convierten en un símbolo del cambio.

En tanto el ministro de Relaciones Exteriores yemení, Abu Bakr al- Kirbi viajó hoy a Riad con un mensaje del presidente Saleh para el rey Abdullah. De momento no se sabe si el mensaje es un pedido de ayuda o si Saleh quiere evaluar de qué lado está Arabia Saudí. Un diplomático saudí reaccionó a este interrogante con distinguida reserva: “Este es un asunto que atañe solamente a Yemen”.

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